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Tecnología

La forma de la mierdificación

La forma de la mierdificación
Jul 9, 2026·6 min read

La forma de la mierdificación

Llevo un tiempo con una sensación rara cada vez que abro el móvil. Las apps que antes me encantaban ahora me cansan. Buscas en Google y te comes tres anuncios antes del primer resultado. Entras en Amazon y te enseña cuatro productos patrocinados antes del que ibas a comprar. El feed de LinkedIn premia al que grita más, no al que dice algo. No es cosa mía ni tuya. Es un patrón, y tiene nombre.

Cory Doctorow lo llamó enshittification. En español lo han traducido como mierdificación, y aunque suene a insulto es un término bastante preciso: es la forma concreta en la que las plataformas digitales se van pudriendo con el tiempo. No es un fallo. Es el modelo de negocio funcionando exactamente como está diseñado.

Y ahora, encima, la IA le ha metido una capa nueva. Vamos por partes.

1. Las plataformas no se rompen, se pudren

Una plataforma nueva casi siempre empieza siendo maravillosa contigo. Google te daba el mejor resultado sin rodeos. Uber era barato y llegaba en tres minutos. Instagram te enseñaba las fotos de tus amigos en orden. Te trataban bien porque te necesitaban para crecer.

Cuando ya te tienen, llega la segunda fase: dejan de mimarte a ti y empiezan a mimar a quien paga. Los anunciantes, las marcas, los vendedores. El producto se llena de publicidad, de contenido patrocinado, de fricción que antes no estaba. Y tú sigues ahí, porque cambiarte cuesta y porque todos tus contactos están dentro.

La tercera fase es la más fea. Cuando ya tienen atrapados a los usuarios y también a los que pagan, exprimen a los dos para quedarse con todo el valor que había en medio. Ahí es cuando la plataforma se vuelve casi inservible pero sigue ganando dinero, porque irte tiene un coste. Primero son buenos contigo, luego son buenos con sus clientes de pago, luego se lo quedan todo. Y entonces mueren.

Lo útil no es indignarse. Es reconocer la forma. Cuando ves una app que empieza a meter fricción rara, más anuncios, funciones que nadie pidió, ya sabes en qué fase está. Y sabes lo que viene.

2. Ahora la IA también tiene su forma

Sala de servidores

Aquí viene lo nuevo. En el último año se ha llenado todo de texto generado por IA. Artículos, posts, emails, comentarios, reseñas. Lo llaman slop: contenido producido en masa, sin nadie detrás pensando de verdad. Gratis, infinito y mediocre.

Y lo curioso es que el slop tiene una forma reconocible. Si lees suficiente texto de IA, empiezas a notarlo sin querer. Lo explica todo un poco de más, como si tuviera miedo de que no le entiendas. Es sospechosamente ordenado: todo en listas de tres, todo con su principio, su medio y su final. Y cuando le toca hablar de emociones, tira de metáforas seguras y un poco huecas. Hay investigación seria detrás de esto: el texto hecho por máquinas deja huellas estructurales que se pueden medir.

Yo lo noto cada semana, corrigiendo trabajos y leyendo el feed. Hay un tipo de texto que está perfecto y no dice nada. Suena bien, no tiene faltas, y se te olvida antes de terminar de leerlo. Eso es slop. Y cada vez hay más.

La parte incómoda es que mucha gente usa la IA para esconderse. Para producir sin entender, para llenar el hueco sin aportar nada. Y eso, a lo grande, mierdifica internet igual que los anuncios mierdificaron la búsqueda de Google.

3. Cuando lo infinito es gratis, lo escaso sube de precio

Aquí está la buena noticia, y es pura lógica económica. Cuando algo se vuelve infinito y gratis, deja de valer nada. Y a la vez, lo contrario —lo escaso, lo que no puede fabricar una máquina— se dispara de precio.

El texto correcto ya no vale nada, lo genera cualquiera en dos segundos. Lo que sí vale es lo que la máquina no puede fingir: una opinión de verdad, una experiencia vivida, un punto de vista que solo tienes tú porque te lo has currado. Criterio. Gusto. Haberla cagado las veces suficientes como para saber qué funciona y qué no.

Y fuera de las pantallas pasa lo mismo. Cuanto más se satura lo digital de copias, más sube lo hecho a mano, lo presencial, lo humano. No es nostalgia. Es oferta y demanda.

4. Dónde se va a mover el valor

Si me preguntas dónde apostar tu tiempo en los próximos años, yo veo tres sitios bastante claros.

Orquestar la IA, no competir con ella. El que gana no es el que escribe el texto a mano, ni el que se lo pide a la IA y lo pega sin mirar. Es el que sabe dirigirla: darle contexto, corregirla, saber cuándo se está equivocando, montar sistemas donde la IA hace el trabajo pesado y tú pones el criterio. Eso solo lo haces si entiendes de verdad lo que estás haciendo, no si te escondes detrás de la herramienta.

Carpintero en su taller

Los oficios y el trabajo con las manos. Un fontanero, un carpintero, un electricista, un buen cocinero. La IA no te arregla una tubería ni te hace una mesa. Durante veinte años le dijimos a todo el mundo que estudiara para no acabar en un oficio. Puede que hayamos estado mirando al revés. El trabajo físico y cualificado es de lo más difícil de automatizar que existe.

El trabajo humano de confianza. Cuando internet se llena de bots y de textos falsos, mirar a alguien a la cara vuelve a valer oro. La reputación, la relación, el que da la cara y responde cuando algo sale mal. En un mundo de slop, que haya una persona real detrás es un lujo.

5. Qué hago yo con esto

Lo aplico a cómo escribo, a cómo enseño y a cómo construyo. Cuando publico algo, me obligo a que tenga algo mío que una IA no podría poner: una historia real, un error que cometí, una opinión que me puede costar. Si lo que voy a escribir lo puede escribir la máquina igual de bien, no merece la pena publicarlo.

Con la IA trabajo todos los días, pero no la dejo pensar por mí. La uso para ir más rápido, no para dejar de entender. Cada vez que me hace algo, le pregunto por qué lo hizo así. Es la diferencia entre que la herramienta te haga más fuerte o te vaya atrofiando poco a poco.

Y a la gente a la que doy clase le digo lo mismo: no compitas con la máquina en lo que la máquina hace bien. Sé la persona que sabe qué pedirle, cómo corregirla y cuándo apagarla.

Para cerrar

La mierdificación es real y no va a parar. Las plataformas van a seguir pudriéndose y el internet se va a seguir llenando de slop. Pero eso no es solo malo. Cada capa de basura automática que se acumula hace que lo auténtico valga más.

La forma de todo esto es bastante clara si te paras a mirarla. Lo infinito y gratis baja a cero. Lo humano, lo escaso, lo que te has currado de verdad, sube. Sabiendo eso, la pregunta no es si la IA te va a quitar el sitio. Es qué vas a hacer tú que una máquina no pueda copiar.

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